coruna 09/17/2019

“Chico conoce chico y empieza el desastre.” La vida son estaciones, y Astronautico nos invita a recorrerlas con sus relatos

by Victor Lamela

Tras Astronautico se esconde el gallego Jon Rodríguez, un joven escritor que comenzó publicando sus textos en redes sociales. A raíz de la positiva acogida, ha recogido una selección de su obra en esta antología en prosa, a modo de viaje a través de las cuatro estaciones, que culmina en una quinta y última estación. Los relatos están en su mayoría acompañados de imágenes, en una edición con un diseño muy original y atractivo.

Astronautico acumula miles de seguidores en sus perfiles de redes sociales, además de su implicación en la visibilización y integración del colectivo LGTB, ya que participa activamente en asociaciones y escribe una columna llamada “Paso de tu rollo imaginario” en un diario digital de Galicia.

Quien acompañe a Astronautico en este ciclo por las estaciones, se encontrará un conjunto de relatos y breves textos enlazados a través de una historia de desamor. Unas letras que llegan a los lectores con un lenguaje cuidado pero fresco, fruto de la juventud y la pasión que desborda el autor en sus composiciones.

Sinopsis:

Supongo que mi historia no es muy diferente a la tuya. Chico conoce a chico y empieza el desastre. Una batalla donde los miedos y las dudas luchan por sobrevivir contra la razón y la emoción. Y yo, que soy de echar a correr a la primera de cambio, tan frágil como la espuma del mar, un mar helado a juego con las mariposas muertas que quedaron en el estómago en aquel invierno polar. Me perdí en medio de corrientes circulares, intentando parar un tiempo que no se detiene por nada del mundo. Y fue un infierno de resacas que no se curan ni con el sol de primavera; por muchas veces que nos perdamos mirando relojes que marcan la hora de salida, no aprendimos a controlar el tiempo. Cuando parece que la guerra ha terminado, me doy cuenta de que no ha hecho más que empezar, como el verano que llega para remover las arenas movedizas que guardamos en los bolsillos. Con un sol que abrasa las heridas que no han cicatrizado y que ya hacen juego con los tatuajes que dibujaste en mi piel. Y nos dejamos la piel intentando que el otoño fuese diferente, a contracorriente. Dibujando paredes de recuerdos futuros para que esta vez las alas con las que volábamos libres no quebrasen al renacer, para poder elegir entre vivir o soñar sin dejar de ser, volviendo a dejar entrar. Intentando querer bien. Y nos volvimos imparables, por un momento. Y escribimos con permanente nuestra historia en un cuaderno en blanco al que titulé Estaciones. Porque la vida son estaciones… y tú y yo nos las hemos hecho todas. Hasta llegar a la quinta, donde ya no estamos sin dejar de estar… tan perdidos o más que cuando echamos a volar hace años, por primera vez.

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